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Pajaritas de papel

        Aún recuerdo pequeños detalles de ese día, como los nervios que me invadían propios del desconocimiento de todo cuanto me rodeaba. E...

viernes, 10 de marzo de 2017

Que no nos callen

Un día más,
un día menos,
sacar las almas
y alzar el vuelo.
Que no nos callen
ni nos engañen.
Espectadores
de mil mentiras,
seres que alivian
las injusticias.
Tú no te calles,
que no te engañen,
que no te digan
que ya no vales.
Nos utilizan,
nos manipulan,
nos quieren quietos,
tontos y presos.
Sigue la lucha,
sal a la calle
y así demuestras
que sí que vales.
Que no te asusten,
que no te achanten
ni hagan callar
tu libertad.
Tú no te calles,
que no te engañen,
que no te digan
que ya no vales.

miércoles, 18 de enero de 2017

Ser aquello que quieres ser

Un alma que vaga
Sin rumbo
Un llanto
Profundo
Que anhela sueños,
Que echa de menos.
Sentimientos
Que se aferran
A un pasado
Callado
Del que nadie quiere hablar
Por miedo
A que todo cambie,
Que no sea lo que fue.
Salir,
Cambiarlo,
Vencer los miedos
Sin echar de menos.
Ser aquello
Que quieres ser.

jueves, 13 de octubre de 2016

Ausente

Ausente,
De mis pensamientos,
De tus memorias.
De ser sin peros ni excusas.
Ilusa,
Confiando en ser mejor de lo que fuimos.
Caminos,
Marcados por el destino,
Borrosos, sin llanuras,
Que tú iluminas y me curas
De la oscuridad, quizá.
Sin tu presencia ni soy ni siento,
Te quiero.

lunes, 16 de febrero de 2015

Ven, acércate

Ven, acércate y enciende tu sonrisa, que cuando estás a mi lado mi camino se ilumina. Ven, acércate, déjame oír tu risa y deleita a mis oídos con tu dulce melodía. Ven, acércate, déjame sentir tu respiración sobre mi pecho. Ven, acércate, susúrrame al oído lo que la primera vez. Ven, acércate y no te vayas de mi lado o me dejarás a oscuras.

viernes, 30 de enero de 2015

XXIV

Cuando te miro siento que todo se detiene menos mi corazón, que se empieza a acelerar. Cada vez que te acercas y siento tu respiración, ahí me empiezo a perder. Al besarme es como si en tus labios tuvieses siempre una sonrisa que me pasas y se queda en mi cara de manera indefinida, porque nunca falla. Tus caricias hacen que se me pongan los pelos de punta como queriendo llegar al cielo del que tan cerca se sienten. Esos abrazos que siempre pido que sean con fuerza, con tanta que si estoy dormida me despierten por si realmente esto es un sueño, porque si no lo es no sé lo que puede ser, pero me encanta.

martes, 23 de diciembre de 2014

Ellos

Ellos, dos jóvenes muy poco comunes. Ellos, dos locos enamorados que no se atrevían a decir lo que sentían. Él, menos tímido, hacía amagos de acercarse pero ella, nerviosa, se alejaba. Al fin, ella se decidió a acercarse un poquito más y coger su mano, a lo que él respondió con caricias y besos en la mejilla. Ella se acercó a su oído y le dio las gracias. Él contestó bajito y ella se tuvo que acercar tanto que se acercaron demasiado y se dieron el que fue, quizá, el último primer beso de ambos. 

miércoles, 15 de octubre de 2014

Vuelve el frío

           Vuelve el frío y con él los abrazos congelados en busca de un poco de calor, los besos callados encontrados tras el verano que ya acabó, los cafés madrugadores que te dotan de energía para aguantar la rutina, los domingos de película y manta en el sofá, las estaciones repletas de trabajadores aún a medio despertar, las farolas encendidas por la tarde, las gotas de la lluvia que se deslizan por el cristal, el humo saliendo de nuestras bocas invitándonos a imaginar, el invierno tan querido y tan odiado, los juguetes entre las manos de los niños ilusionados, los kilitos de más tras tantos turrones, las luces de colores iluminándonos a cada paso, la melancolía de los días de lluvia, la nieve y los niños divirtiéndose en ella, el olor de los días de tormenta, las promesas de año nuevo que pronto se olvidarán, los quioscos repletos de las mismas promociones de cada año, los regalos de los Reyes Magos que siguen haciendo ilusión, Sol lleno de gente, de luz y de color; las tormentas observadas desde la ventana de nuestra habitación, las uvas con las que cada año seguimos la tradición, el viento como melodía, el whisky corriendo por las venas de aquel que intenta conseguir calor, los xilófonos y las zambombas compitiendo en Navidad...

martes, 15 de julio de 2014

Reflexiones del día a día

          Cada vez más, con las dificultades que en la actualidad nos está tocando sufrir, el dinero va cobrando mayor importancia, pues de él está dependiendo la vida de millones de personas. Bien es verdad que, recurriendo a la frase “el dinero no es lo más importante”, observamos que lo que dice es cierto, pues de poco sirve el dinero si no tienes cosas tan básicas como salud, amor tanto de familiares como de amigos, sabiduría para no derrocharlo y felicidad, aunque si en este caso mencionamos la conocida frase “el dinero no da la felicidad”, mi postura no es del todo de acuerdo con ella porque es cierto que no la da directamente, pero si tenemos un poco de conciencia del mundo que nos rodea, observaremos cómo la cantidad inmensa de familias que lo están pasando mal, con un poco más de dinero  serían más felices ya que podrían permitirse vivir bajo techo y comprar los alimentos necesarios para subsistir, eso sí, aplicando esta conexión de dinero y felicidad solo en este ámbito, pues, como menciona José Luis Pardo en "Mother & Child Reunion" dentro de “Nunca fue tan hermosa la basura”, el adolescente rechoncho que come patatas fritas tumbado en el sillón mientras ve la MTV, seguro que si tiene cualquier capricho sus padres se lo compran, contribuyendo a alimentar a esta sociedad capitalista que nos rodea en vez de hacer un reparto igualitario entre los que tienen y los que no, porque el trabajo actualmente no procura dignidad, ya que si así fuera, quienes más han trabajado tendrían mayor dignidad, al igual que pasa con el dinero, que esas personas que se pasan día y noche trabajando en el campo bajo la cálida luz del sol y terminando el día fatigados, pudiéndose permitir dormir muy pocas horas para volver a sus tareas, la mayoría de las veces no tienen ni para alimentar a su familia, mientras que hay jefes de empresas que desde sus cómodos sillones bajo el aire acondicionado de su despacho individual y comiendo delicatesen que les traen sus secretarias, cobran cantidades ingentes de dinero que se pueden permitir derrochar coleccionando lujosos yates, injusticia que por el simple hecho de pensarla ya me produce malestar, a mí y a toda persona con sentido común que se precie.

          Al escribir esto sobre todo me he acordado de aquellos días de mi infancia en los que mi abuelo se pasaba las horas contándome sus numerosas hazañas, la época de posguerra que vivió y las pocas facilidades que la vida le puso en el camino, no teniendo ni siquiera la suerte de acudir a la escuela y falleciendo sabiendo escribir y leer unas pocas palabras. Debido a esas dificultades, él se pasó la vida luchando, aceptando trabajos que hoy en día nos parecen impensables e incluso renunciando en malas épocas a cenar por dárselo a mi madre y a mi tía, ¿todo  eso para qué? Para que las sucesivas generaciones vivamos más acomodados de lo que deberíamos, no sabiendo apreciar el verdadero valor de las cosas e incluso convirtiéndonos en materialistas, sin apreciar el valor que tenemos en nuestras manos para cambiar el futuro, pero lo malo es que estamos dejando de lado el futuro para centrarnos en el presente gracias a la comodidad que nos dio el pasado.


domingo, 29 de junio de 2014

Argumentos de la infancia

          Aprovechando que hoy se han superado las 8000 visitas en el blog, por lo cual os doy las gracias, quiero compartir con vosotros las dos primeras poesías que escribí (con unos 6/7 años), que me las acabo de encontrar y os puedo asegurar que las risas no han sido pocas.

                              Érase una viejecita

                             Érase una viejecita
                             ¡ay, pobrecita!
                             la pobre no tenía dinero
                             ni tampoco salero.

                            La viejecita no tenía comida
                            ni tampoco carretilla.
                            Ella vivía en la calle
                            sin ningún acompañante.

                            Ella no tenía trabajo
                            y tampoco ningún ajo.
                           Si ella tuviera algo
                           sería más feliz que un galgo.

                           Un día una buena moza
                           le regaló una choza
                           y a partir de ahí
                           la viejecita fue feliz.


                          Las cuatro estaciones

                         En la primavera hay bonitas flores
                        que desprenden magníficos olores.

                         En el verano hace calor para que te bañes en bañador
                         y te vayas a la playa a tomar el sol.

                         En el otoño se caen las hojas
                         para que tú las cojas.

                         En el invierno hace frío
                         y se congela el río.

                         En las cuatro estaciones te inventarás poesías
                         y te lo pasarás bien todos los días.



sábado, 24 de mayo de 2014

Discurso graduación IES Ignacio Ellacuría 2014

          Buenas tardes a todos y gracias por asistir a este acto tan importante para nosotros. Les informa la alumna Noelia Martín Rodríguez. Por favor, silencien sus teléfonos móviles, disminuyan su volumen de voz, finjan estar atentos y aplaudan al final aunque no les guste, que está mi familia por ahí. Muchas gracias.

       Hoy es el mañana que tanto nos preocupaba ayer; hoy se cierra el telón, se apagan las luces del espectáculo que nos ha tenido a nosotros como protagonistas, a este instituto como escenario y a nuestra adolescencia como una historia única e irrepetible.

          Seis largos años pero fugaces al recordarlos han pasado desde aquel día en el cual nosotros, “mochilas con patas”, comenzamos la aventura en este instituto mientras mirábamos con una mezcla entre temor y respeto a los alumnos mayores y a los profesores. Hoy somos nosotros esos alumnos mayores, aquellos que entraron como niños que querían ser adultos, y salen como adultos que no quieren dejar de ser niños. Hemos pasado un tercio de nuestra vida aquí que ha dado para mucho: esfuerzos que terminaron en decepciones, momentos en los que la presión produjo malestar, tensión y discusiones. Pero también hemos tenido momentos de éxito, divertidos, de satisfacción y de felicidad, como el que estamos viviendo.

          Se me hace muy extraño y difícil expresar con palabras el sabor agridulce que me producen los sentimientos encontrados hoy. Por un lado está la alegría de terminar esta etapa de nuestra vida habiendo cumplido nuestros objetivos, sobre todo después de este curso, de estos ocho meses de verdadero sacrificio en los cuales veíamos el momento presente como inalcanzable y en los que si hubiésemos metido un euro en una hucha cada vez que hemos escuchado “selectividad” o “PAU”, estoy segura de que nos podríamos haber permitido unos cuantos lujos. Por otra parte, la tristeza de dejar esto atrás, pues estas columnas, estos profesores y los bocatas de Luciano han sido los que nos han visto crecer. Aquí hemos aprendido mucho más de lo que puede encontrarse en un libro de texto y vamos a echar muchas cosas de menos, porque aunque lo hayamos pasado mal por los exámenes o por la presión que conlleva ser un estudiante de segundo de bachillerato, al final lo que recordaremos más a menudo será aquello que en algún momento nos ha sacado una sonrisa, sobre todo aquello que nos ha hecho comprender que el tesón y el esfuerzo son ingredientes fundamentales para el éxito.

          No os asustéis los que venís por detrás, porque aunque nos hayáis visto tirándonos de los pelos por el estrés, devorados por montañas de apuntes, histéricos y al borde de la locura, ahora que esto se ha terminado os puedo asegurar que ha merecido la pena, creo. Al final te acabas dando cuenta de que todo el esfuerzo realizado durante estos años tiene su recompensa, espero, y que en el fondo no quieres abandonar este lugar.

          Debemos agradecer a los profesores, tanto a los que hoy están aquí presentes como a los que nos acompañan desde el recuerdo, la enseñanza que nos han impartido, la educación de la cual nos han dotado, la inmensa cantidad de conocimientos que nos han transmitido y, por encima de todo, que nos hayan ayudado a ser las personas que hoy somos, pues de nada sirve ser muy inteligente y sacar notas increíbles si detrás de esos conocimientos no existen unos sentimientos y un criterio moral. Un buen profesor siempre enseñará a sus alumnos que tienen que pensar, no qué tienen que pensar; olvidemos la tilde en este caso.

          Gracias también a todos nuestros familiares, que han tenido que aguantar nuestras decepciones, nuestras alegrías, nuestros cambios de humor, nuestras lágrimas y un largo etcétera. Gracias por todo vuestro trabajo, por todo vuestro esfuerzo realizado por nosotros, por todos vuestros consejos que nos han acompañado a lo largo del camino. Gracias por enseñarnos que rendirse no es nunca una opción, que siempre queda algo por lo que luchar. Gracias por enseñarnos que si alguna vez caemos debemos levantarnos y continuar.

          Es cierto que el futuro que se presenta antes nosotros es un tanto incierto, pero nuestro, ganado con esfuerzo y dedicación y que nadie nos podrá arrebatar. Somos el resultado de una escuela pública y de calidad y así debe seguir siendo. Nuestros abuelos y nuestros padres lograron salir adelante tras vivir tiempos difíciles, así que nosotros también podemos.

          Víctor Hugo decía que el futuro tiene muchos nombres: para los débiles es lo inalcanzable, para los temerosos, lo desconocido y para los valientes es la oportunidad. Es nuestro turno de mirar al futuro con fuerza y valor para enfrentarnos a cualquier adversidad como siempre nos han enseñado a hacer. Muchísimas gracias.

miércoles, 14 de agosto de 2013

Pajaritas de papel

        Aún recuerdo pequeños detalles de ese día, como los nervios que me invadían propios del desconocimiento de todo cuanto me rodeaba. Era uno de mis primeros días de instituto y todavía no estaba acostumbrada a ser una de las pequeñas del edificio; había pasado en menos de tres meses de ser “cabeza de ratón” a “cola de león”. Parece mentira que hayan pasado ya cinco años desde aquel momento; otra década, otros tiempos, más facilidades de navegar entre la sociedad. Estaba siendo un día prácticamente normal hasta que llegamos a las 13:25, hora en la que antiguamente empezaba la sexta hora. Mi clase era, exactamente,  la del piso de abajo que constantemente tiene las persianas rotas debido al golpeo tenaz de los balones en ella. Y, claro, desde aquella ventana se veía pasar, y se ve, a todas las personas que se dirigen hacia la puerta de salida. El día al que me refiero, justo cuando tocó la sirena que indicaba el fin de la quinta hora y el principio de la sexta, un par de clases de “mayores” pasaron por allí para salir del instituto. Mientras estaba mirando por la ventana, un profesor entró en clase, aunque yo no lo escuché, por lo que según le vi tan cerca de mí justo al girarme, me asusté y pegué un brinco. Él se empezó a reír y me acarició los hombros para que me tranquilizase, mientras me preguntaba por mi nombre, por el cambio al instituto, por los compañeros, por las clases… y un largo etcétera que nos entretuvo durante unos veinte minutos, hasta que nuestra conversación se vio interrumpida por un “Eh, no hay derecho a que los mayores se vayan a sus casas cuando no tienen profesor y nosotros no”. El profesor, con la sonrisa que tanto le caracteriza, le dijo que era porque ellos ya habían terminado sus deberes, que si él los terminaba también podría salir. Tan ingenuo como siempre, él ya me había preguntado antes que si nos mandaban muchos deberes, a lo que yo le respondí que sí, que sobre todo ese día en plástica. Por ello, yo me puse a hacerlos sin más para así poder aprovechar mejor la tarde de ese soleado día. Entre tanto, él me observaba detenidamente mientras yo hacía una lámina de plástica que consistía en dibujarle la simetría a una pajarita de papel. Se volvió a dirigir a mí y me dijo: “¿Sabes cómo se llama el arte de hacer figuras con papel? Se llama papiroflexia y es un arte por desgracia poco conocido y que cada vez tiene menos artistas”. Esas palabras se me grabaron a fuego en la memoria; fue allí cuando empezó todo. Si algo me ha caracterizado desde pequeñita es mi afán por aprender todo lo posible, así que le dije que yo quería conocer ese arte; arte del cual, por suerte, tenía a un gran artista justo delante. Me miró con la mirada brillante y me dijo que cogiese un papel. Con sendos papeles en las manos, comenzamos a darle forma. Recuerdo cada paso como si del día de ayer se tratase; primero hicimos un cuadrado y cortamos la línea que sobraba, más tarde empezamos a hacer triángulos y más triángulos en él y doblamos por las líneas, formando así  la figura de un diamante en tres dimensiones. En ese preciso instante sonó la sirena, así que nos teníamos que ir; pero justo cuando estábamos saliendo por la puerta de clase, me miró, me sonrió y me dijo textualmente “algún día la terminaremos”; palabras que más tarde entenderéis porqué tengo tan clavadas en el corazón.
        Pasaron días, semanas e incluso algún que otro mes hasta que nos volvimos a ver. Le busqué en varios recreos pero no tuve la suerte de encontrarme con él y como se me olvidó preguntarle el nombre, me daba vergüenza preguntarle a los demás profesores, porque al fin y al cabo era para terminar una “simple” pajarita de papel. Pasaron algo así como dos meses desde nuestro primer encuentro hasta el día en que, por suerte, volvió a faltar otro profesor y a él le tocó guardia en mi clase. Me hizo muchísima ilusión volver a verle y tras estar un rato hablando, le pregunté que si podíamos terminar la pajarita, a lo que él me contestó que teniendo el diamante lo intentase yo sola que ya no me quedaba nada y ese día me enseñaría algunos palíndromos bastante curiosos como el poema Luz azul de Julio González Cabillón, entre otros. Así continuamos el resto de clase, entre rutas naturales, demoniacos Caínes y un sinfín de conjuntos de palabras que cada vez me dejaban más fascinada. De nuevo ese timbre que no solo indicaba el fin de la clase. Antes de salir, le pregunté por su nombre; Lorenzo, me dijo de nuevo sonriendo. Estuve horas y horas haciendo nuevos diamantes para conseguir llegar hasta el paso final y poder terminar la pajarita, pero no lo conseguí en ninguno de mis intentos. En aquel año aún no tenía internet y todo era mejor porque te las tenías que ingeniar tú solito si querías hacer algo, que ahora pones “cómo hacer pajaritas de papel” y te salen 92.000 resultados. Así que no teniendo esa opción, decidí preguntar a familiares y amigos, pero los pocos que sabían hacer pajaritas las hacían diferentes. Nada, no conseguía terminarla de ninguna de las maneras, por lo que pasados unos meses decidí ir a buscarle al departamento de Filosofía, pero cuando abrí la puerta me encontré que estaba vacío. Miré en la Sala de profesores y tampoco, así que finalmente pregunté a una profesora y me dijo que se había puesto malito y que pronto volvería. Es el “pronto” más largo que nunca ha habido. Cada vez que preguntaba por él me volvían a contestar lo mismo, pero llegó un día en el cuál no me lo pudieron ocultar más y me dijeron que estaba bastante enfermo y que ese “pronto” posiblemente no se pudiese cumplir.
        Yo era pequeña, pero entendí absolutamente todo lo que querían decir y me derrumbé por dentro. Entendí que no me podría enseñar más. Justamente al día siguiente vi a todo el personal docente con caras tristes y lágrimas en los ojos, por lo que, desgraciadamente, comprendí que la causa era lo que menos me quería  imaginar. 
        Esa misma tarde, justo al llegar a casa, decidí coger el diamante que habíamos hecho juntos y como por arte de magia, mis manos parecía que fuesen solas y no pararon hasta que consiguieron terminar aquella pajarita tan especial que más tarde eché a volar para que fuese allí donde él se encontrase. Me di cuenta de que sí que me seguía enseñando cosas, puesto que al fin y al cabo, este conjunto de palabras que he escrito no es más que una metáfora. Él también es un diamante convertido en pajarita que echó a volar.

Con esta historia basada en hechos reales he ganado el concurso de prosa del instituto y quiero dedicárselo a él, al grandísimo Lorenzo.

martes, 13 de agosto de 2013

Inocencia e insistencia

           Un mes de septiembre lleno de novedades para Ester, ya que el cambio de trabajo de su padre había supuesto un cambio de colegio para ella. A Ester este año le tocaba pasar a 5 años, aunque su mente aparentase más. Tocó la sirena que indicaba el principio del día, la despedida de los padres hasta el fin de las horas lectivas y el comienzo de un nuevo año escolar. El día no se le estaba complicando mucho, ya que tenía una gran facilidad para hacer amigos y relacionarse.
Todos los niños se dirigieron a sus clases, las cuales no les fueron muy difíciles de encontrar puesto que estaban justo al lado de sus aulas del año anterior. Ester se unió a los compañeros que previamente había conocido y se sentaron juntos en la misma mesa.
          La señorita Carmen había sido la profesora del grupo los dos años anteriores, por lo que este año también repetía grupo. Justo al entrar por la puerta los alumnos comenzaron a reírse por la apariencia de la profesora, excepto Ester.
La profesora, después de calmar a sus alumnos y proponerles unos cuantos juegos para comenzar, se acercó a Ester para darle la bienvenida y conocerla un poquito más. La profesora le preguntó que qué tal se encontraba y antes de dar paso a la segunda pregunta Ester la cortó y le preguntó el porqué de ese pelo tan, tan, corto, casi inexistente, ya que ella nunca había visto a chicas sin pelo, solo chicos. En primer lugar, Carmen le explicó que había tenido piojos y unas cuantas heridas en la cabeza y que para podérselas ver bien le habían tenido que cortar así el pelo. Pero Ester, incrédula le dijo que ella el año pasado había tenido piojos y que hace un par de meses se cayó y se hizo una brecha y que en ninguna de las dos ocasiones le habían cortado el pelo. Fue duro, pero la profe,  al ver la madurez con la que hablaba, decidió contarle la verdad, la dura realidad. Le explicó que había estado malita del pecho con una enfermedad llamada cáncer, que fue la causante de su cambio de look, pero que pronto podría volver a hacerse coletas. A Ester estas palabras sí que le convencieron y  ya no volvió a preguntar más. Como era el primer día, para volver a adaptarse a la rutina, ese día se lo pasaron entero jugando, por lo que se les pasó volando.
         La mamá de Ester fue a recoger a su hija al colegio y esta le contó que habían estado todo el día jugando, que había hecho muchos amigos y que la profesora era muy simpática, pero nada más. Al llegar a casa, ambas comieron y durmieron la siesta y, mientras mamá preparaba la merienda, Ester observó que en el sofá en el que había dormido su madre había un montón de pelos que coincidían con el color y la extensión de los de su madre, así que, asustada, fue corriendo a explicarle a su madre lo que había hablado esta mañana con su profe Carmen. Le explicó a su manera lo que ella había entendido, que no fue más que a su profesora se le cayó el pelo por una enfermedad. Su madre le explicó que a ella se le caía por el estrés que le había causado la mudanza y todo el cambio, pero Ester no la creyó y le pidió que fuese al médico para que le mandase un jarabe para ponerse buena. La madre le dijo que en estos días, con todo lo que el cambio conllevaba no iba a tener tiempo, pero que pediría para más tarde. Ester, desconsolada, le volvió a pedir ir al médico del pecho, así que su madre al fin decidió llamar al ginecólogo para que le diese cita y así poderle demostrar a su hija que no le pasaba nada, que ella estaba bien. Justamente ese mismo día había un hueco libre, así que acudieron a la consulta y esta vez, al contrario que las demás que son las madres las que hablan por las hijas, fue Ester la que le contó al médico lo ocurrido. El médico se sorprendió ante las palabras de la pequeña y le dijo que le iban a hacer una revisión a su madre para que se quedase  tranquila.
Los resultados tardaron en llegar y esa semana fue dura para Ester.
Su madre volvió a pedir cita para acudir a consulta acompañada de su hija y ver los resultados de las pruebas.
       Una vez dentro de consulta, el médico le pidió a Ester que bajase abajo para buscar unos papeles y traérselos y así aprovechar para quedarse a solas con su madre y explicarle los resultados. Increíble pero cierto, le había detectado un cáncer de mama, cáncer diagnosticado a tiempo gracias a la insistencia de la pequeña.
       Nadie podía creérselo, había sido algo así como un milagro, ya que al haberse diagnosticado con tanto tiempo de antelación, las probabilidades de sobrevivir eran tan altas que se cumplieron.

miércoles, 20 de marzo de 2013

XLI

Te presento a don Rodrigo
Aunque no sea necesario
Mas si lees lo que te digo
No fuiste su adversario

Buena suerte que tuviste
De no veros entre espadas
Pues seguro conociste
Sus muertes no perdonadas

Gran ejemplo de virtudes
Poeta, noble y guerrero
Por sus grandes aptitudes
Fue nombrado caballero

Grandes tierras conquistó
Por medio de su cordura
Y a caballo galopó
Ensalzando su figura

De esto nada le quedó
Pues no era más que otro hombre.
La muerte se lo llevó
Mas aún le queda el nombre


miércoles, 2 de enero de 2013

Sonríe y el mundo sonreirá contigo



          ¿Cuántas veces has tenido que ocultar la sonrisa por no ser un blanco entre el negro de la sociedad? Eso tiene que cambiar tanto por tu parte, que no has de dejarte llevar por lo que hagan los demás y pensar que una simple sonrisa tuya puede alegrar a más personas de las que puedas imaginar, como por parte de la sociedad, que tenemos que conseguir que en esta época de dificultades, aun con el gran esfuerzo que conlleva, que no destaque el que sonríe, sino el que no lo hace. Todo el mundo quiere sonreír, unos con mayor ímpetu que otros, pero no todos lo hacen. Normalmente los que no sonríen son aquellos que realmente pueden, que no tienen motivos para no hacerlo. En cambio, esas personas de las cuales no nos solemos acordar todo lo que deberíamos, aquellas personas que tienen el doble de motivos para llorar que para reír, cada vez que tienen una efímera oportunidad por la cual sacar una sonrisa, no la desaprovechan. O incluso personas que por dentro lo están pasando fatal, a menudo fingen una sonrisa para no preocupar a las personas que les rodean y hacer así que esas personas no borren la suya. Aparte, al sonreír no solo somos nosotros los que nos sentimos mejor, sino que quien nos ve hacerlo también. Bien es verdad que en nuestro día a día tenemos que afrontar numerosas dificultades, pero tenemos que superarlas igual y créeme que con una sonrisa en la cara se afrontan muchísimo mejor. Y ahora, después de haber leído esto, espero que hayas recapacitado y estés sonriendo.

martes, 3 de enero de 2012

Os propongo un propósito para el año nuevo

          No es oro todo lo que reluce, ni feliz todo el que sonríe, ni triste todo el que llora, ni enamorado todo el que besa, ni mejor todo el que gana, ni peor todo el que pierde, ni rico el que tiene mucho dinero, ni pobre el que tiene poco, ni guapas todas las modelos, ni... Esto simplemente es a lo que estamos acostumbrados, para lo que la sociedad nos ha educado. Pero cada uno tiene que tener su propio criterio, su propia forma de pensar, su propia personalidad. No te dejes llevar por los demás, sé tú mismo y todo te irá mucho mejor, seguro.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Quiero volver a vivir en la dulce ignorancia de la magia

          Lo único bueno que le veo a que anochezca tan pronto es la cantidad de tiempo que tienes para quedarte mirando al cielo, aunque no se vean casi las estrellas. Te quedas en un banco, mirando hacia arriba, deseando flotar con ellas. Y sueltas el comentario: "Es mágico, ¿verdad?". Es en ese momento cuando se oye la risa, o se notan las miradas de "¿Estás loca?".
          Pues sí, creo en la magia. No en los trucos de cartas, ni en sacar una moneda de la oreja, sino en lo que es mágico de verdad.
         "Demuéstrame qué cosas son mágicas"- me dijeron una vez.
Pues bien, la magia se encuentra en todas partes, mires donde mires, si sabes buscarla. En una sonrisa cómplice, en una mirada tierna, en que dos personas digan algo a la vez, en una lágrima indiscreta que cae por el rabillo del ojo, en una persona tocando la guitarra en un parque, en un amanecer de principios de otoño, en la sonrisa de alguien a quien quieres, en una canción que te recuerda a alguien especial, en poder ver las estrellas una noche que se presentaba nublada, en una frase de película que te hace gracia, en la letra de esa canción que te describe, en una pareja que se reencuentra en el aeropuerto, en la cara de los niños el día de reyes, en el "brillo" de una persona especial, en el libro que te hace viajar, en el padre que vuelve después de varios meses a casa a ver a sus hijos, en las lágrimas de una despedida, en el bostezo de un cachorro, en la lucha por lo que quieres, en el reto del día a día, en la pasión de las cosas que nos gustan...
Que no me vengan y me vuelvan a decir que la magia no existe.

jueves, 29 de septiembre de 2011

Lo más lejos que quiero estar de ti es a tu lado

          Los dos a solas pasando las horas. Dejándonos llevar por la brisa que acaricia nuestros cuerpos envueltos de ternura. Rayos de pasión que asoman por la ventana. Una vela encendida alumbrando la habitación con su tenue luz. Siento calor, podría proceder de la llama, pero no es así, es un calor distinto, es un calor en mi interior. Me miras, sonríes, me abrazas, me besas, me dices que me quieres, me agarras de la mano y me dices un "siempre" que suena convincente. Ya estamos agotados, te quedas dormido cogido de mi mano. Amanezco y ya no estás, te busco y no te encuentro, tengo miedo de perderte. Pero de pronto apareces por la puerta con el desayuno en la mano y una rosa preciosa entre tus labios. Dejas el desayuno sobre la cama, me das la rosa y me dices que no tenga miedo de perderte, que no te quieres marchar de mi lado, que pase lo que pase quieres estar ahí, junto a mí.          

viernes, 22 de julio de 2011

Cada uno es dueño de sí mismo

           Me dispongo a escribir sin inspiración, sin un guion que seguir, dejándome llevar por la improvisación. Tal vez escriba sobre mí, sobre ti, sobre él, sobre nosotros, sobre vosotros, sobre ellos... o quién sabe, quizá no escriba sobre nadie y me dé por escribir de temas tan diversos como el amor, la amistad, el odio... o puede que hable acerca de la vida, del futuro o del pasado. Podría escribir sobre cosas bonitas, o también podría dejar de ocultar las desgracias que ocurren diariamente en el mundo, que no son pocas, y ocultar la mentira y mostrar la verdad, pero no quiero hacerlo, hay mucha gente que quiere seguir viviendo inmersa en la ignorancia y ser un poquito más feliz.                                   Reconociéndolo, a todos nos gustaría vivir así, ser unos niños y revivir nuestra infancia sabiendo disfrutarla y aprovecharla al máximo, pero ya que el hecho de volver al pasado no es posible, vamos a intentar ser felices, dejar todas   esas preocupaciones que siempre tenemos a un lado, vivir el día a día aprovechando todas las oportunidades que nos ofrece la vida, buscando la suerte, que si no la buscamos no la encontraremos, no dejarnos llevar por lo que piensen los demás y únicamente guiarnos por nosotros mismos, cada uno es libre de sus decisiones, intentando acertar en cada decisión que tomamos y vivir la vida sin arrepentirnos al final de lo que hemos o no hemos hecho, porque al fin y al cabo vida no hay más que una.

viernes, 24 de junio de 2011

Aquel maravilloso día 26

          Despierto con ganas mientras recuerdo toda la fiesta en aquel antro, estando todo el rato a su lado, con unas cuantas risas y unos roces de más, notando su maravillosa piel con un aroma único y una suavidad especial, y mientras tanto un par de miradas y me llevas a bailar, tú con felicidad, yo con pasión, haciendo así un ambiente único. Ahí de vez en cuando te miraba a esos maravillosos ojos color café que desprendían tal felicidad bailada, esa felicidad que consiguió conquistarme, esa que se me pega siempre que te miro, esa tan especial. Más tarde bajo la mirada a tu maravillosa boca, esa que desprende un poco de timidez y a la vez soltura, esa que cuando suelta una sonrisa pícara puede hacer que dulces mariposas recorran todo mi cuerpo, esa con la que tanto sueño poder tocar.
          Mientras recuerdo esa noche y algunos momentos más, pienso que cada día quiero estar más cerca de ti, que cada vez me enamoras un poco más, sintiendo cómo todo gira en torno a ti. Así que esta noche hagamos otra fiesta, una fiesta en la que solo podamos entrar dos personas, ahí bailemos y más tarde vayamos a tirarnos al césped, donde se vean absolutamente todas las estrellas y en cada estrella fugaz pidamos un solo deseo, para que así, cuando se cumpla, pueda ser la persona más feliz del mundo a tu lado.

jueves, 23 de junio de 2011

Mi filosofía de la vida

          Cada uno tiene su propia filosofía de la vida: unos dicen que si nos portamos bien vamos al cielo, que si nos portamos mal vamos al infierno, que si nos portamos regular vamos al purgatorio, que cuando morimos nos reencarnamos... en fin, existen diversas opiniones, y ¿por qué no? entre todas ellas, yo voy a añadir una más, ni más cierta  ni más falsa, pero sí más didáctica, por eso a mí me gusta pensar lo siguiente:
           ¿Y si la vida fuera un sueño en el que al despertar nos encontrásemos con civilizaciones que no supieran nada de nada y nosotros les tuviésemos que enseñar todo lo que nosotros sabemos para que ellos pudiesen aprender todo lo que nosotros hemos aprendido para que así, generaciones tras generaciones, se fuesen educando unos a otros ?
          Por eso, aunque no sea muy creíble, intenta aprender lo máximo, abre tus sentidos a todo lo que pase a tu alrededor y absorbe todo lo que puedas, como si fueses una esponja.